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Crítica del capítulo 1×03 de ‘El Internado: Las Cumbres’: La única forma de burlar a la muerte es ser recordado

El tercer capítulo de ‘El internado: Las cumbres’ mejora el nivel de los anteriores porque empieza a profundizar en los personajes y sus relaciones a explicar al espectador los vínculos tan estrechos entre ellos. Y es que entre tanto horror que les rodea, los alumnos necesitan encontrar alguien que les comprensa y apoye. Y es que no hay nada más devastador y desolador que la muerte.

Algo que me ha sorprendido gratamente es que los creadores hayan decidido golpear al espectador desde el primer momento, no darles tregua. Y la valentía de introducir un personaje que recordaba en los primeros capítulos tanto a Paula para luego acabar devastándolo con el final que tiene el personaje. Y es en ese retrato del dolor, la rabia y la impotencia que rodea a todos cuanto la conocieron lo que lleva al espectador a conectar rápidamente con los personajes. Y esos primeros minutos del capítulo son desgarradores ya que la música, el elenco, los diálogos nos recuerdan a que todos hemos vivido algo parecido y no hay dolor ni consuelo ante la tragedia. Y más cuando toca a un ser joven. ¿Qué consuelo hay ante algo tan incomprensible como dice a lo largo del capítulo Alberto Amarilla. La escena que más golpe de esos primeros momentos es la de los alumnos y profesores dejando fotos, mensajes de esperanza en la verja. Y es que aún en medio de la tragedia hay esperanza y es que como se señala en el episodio: “La única forma de burlar a la muerte es el recuerdo. La más cruel muerte es el olvido”, frase maravillosa del personaje de Joel Bosqued, que resume a la perfección los sentimientos de todos los que viven allí. Esta muerte y esa puesta en escena recuerdan de forma remota a lo ocurrido cuando murió Cayetano en la primera temporada de la serie madre, pero en este caso manejados de una forma más magistral y orgánica. Es imposible para el espectador no conectar con ellos.

Pero no sólo asistimos a un entierro visual, también a un inicio de despedida de Amaia hacia Manuel. Y es que la joven, a la que interpreta Asia ortega, vive en este capítulo un auténtico ciclón de emociones y es que durante los 50 minutos que dura el capítulo es un volcán a punto de estallar. Primero por la rabia que siente hacia los profesores, hacia la directora a los que culpa de lo sucedido, luego su odio e inquina hacia Manuel y para terminar devastada ante lo que descubre el personaje de Paul, que se está revelando como uno de los más inteligentes  y empáticos personajes de la serie. Y es que al final, él logra desvelar el misterio que rodea la carta.

Un aspecto que me ha gustado ha sido la introducción del flashback para explicar la llegada de Manuel y el cómo se fraguó la amistad de él con Paul y con Amaia. Si en el primer capítulo y en el segundo, parecía que algunas situaciones parecían forzadas, en este capítulo la forma de construir la amistad entre Paul y Manuel es un acierto ya que se trata de una forma muy real y muy natural. Y es que Manuel al principio parecía el típico chulo que iba a arrasar con todo. Y, como seguramente les pasó al resto de chicos, chocó con esa disciplina militar. Y cuando conoció el horror que era el centro, encontró una mano amiga, Paul, que disimula leer un libro para acercarse a él. Y no por menos importante, destacar la interpretación  y la química entre Albert Salazar y Carlos Alcaide, que regalan una preciosa escena que me trajo recuerdos de lo que tanto me gustaba de la serie madre.

Otros que también van ganando capítulo a capítulo son Alberto Amarilla y Mina El Hammani. Y es que aunque se notaba desde el principio que su historia va a ser una de las que más de que hablar, hay química y se va cociendo a fuego lento, despacito pero sin pausa. Ambos personajes son muy parecidos en el fondo: capaces de conectar con sus alumnos, capaces de denunciar lo que ocurre en el centro y capaces de involucrarse por ayudarles. Y su historia en este capítulo tiene un aire hasta cómico por jugar ellos también al juego de sus alumnos y regalar frases tan graciosas como: “Llevas vaquero debajo del hábito. ¿Y qué quieres que lleve?”. Ambos aportan frescura al capítulo y ayudan a rebajar el tono siniestro, desolador y un tanto oscuro.

Pero también hay cosas negativas en este capítulo y es que otra vez chirria un poco la trama de Inés. No sé si es porque no logro conectar con la interpretación de Claudia Riera o que siente que hay situaciones en torno a ella muy forzadas Sigo sin conectar con las constantes humillaciones que recibe de parte del alumnado. Y es que aunque la gente la sienta como una protegida o una especie de topo por ser hija de quién es, no concibo que nadie del centro se percate de lo que está pasando ni que ella no sea capaz de verbalizar como se siente. Aunque sigo teniendo la sensación que de alguna forma su historia va a conectar con Paul, que tal vez sea el que la introduzca en el grupo.

El otro aspecto que me descentra de su trama es que parece una réplica de la de Julia en ‘El internado: laguna negra’. Y es que al igual que Julia, Inés está devastada, asustada por las presencias del más allá que siente. Y es que al igual que Julia ve muertos, y eso la aterra, eso la hace más retraída y tener miedo. Y además, la relación con su padre no parece tan idílica como la muestran. Y es que aunque él afirma: “Todo lo que hago, lo hago por tu bien”. No parece que escuche y comprenda lo que está pasando su hija. Aunque tal vez, lo único que quiera es que ella conecte con otros chavales y consiga romper su aislamiento. Aunque entre ambos, hay un misterio que los separa. Aunque ¿quién no ha ocultado algo en ‘El internado’ alguna vez?. A diferencia de lo que ocurre con la trama de los poderes paranormales o con su relación con otros alumnos, la relación de Inés y su padre parece más natural. Y es que cualquier escena en la que aparezca Ramiro Blas en pantalla gana y más si en ella llega a usar una escopeta.

Y por último destacar la contraposición entre los primeros minutos, con ese duelo y “funeral” tan visual con la fiesta y desenfreno de los alumnos cuando se ven libres por unos momentos del control “parental”. Y es que es que en el fondo la vida sigue: unos se van y otros vienen.

En definitiva, la serie va ganando capítulo a capítulo a medida que la trama se va haciendo más compleja y se va explorando y profundizando en los personajes. Y es que si algo hacía ‘El internado: la Laguna negra’ especial era el mimo con el que se trabajó las relaciones de los personajes dotándolos a todos ellos de aristas. Y eso está empezando a pasar de nuevo en este capítulo. Y es que Laura Belloso, Asier Anduenza- cocreador de la serie junto a Laura-, Sara Belloso y Abraham Sastre han regalado un gran capítulo con algunos diálogos memorables.

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