Crítica de ‘Mr. Nadie’ | Necesario cuento de redención y esperanza, con el foco en las personas sin hogar

Arrastrando una maleta con sus escasas pertenencias, Daniel vaga por las calles de Madrid, recorriendo Lavapiés con mirada perdida, en estado casi catatónico. Siempre desayuna en el mismo sitio, hace misteriosas visitas en Cercanías a un pequeño lago, nunca habla con nadie y permanece impasible ante los intentos de Pepe, el barrendero del barrio, y de Aina (una joven voluntaria de una ONG) por ayudarle.


Así, Miguel Ángel Calvo compone un desgarrador relato sobre una de las realidades sociales más cercanas a nosotros y, por tanto, de las que más ignoramos. La vida de las personas sin hogar rara vez se había retratado con semejante crudeza, como demuestran sus magistrales primeros diez minutos, sin diálogo apenas y mostrándonos al protagonista sólo de espaldas, para que el espectador sea uno con su encogido andar y tristísima expresión.

Por supuesto, el misterio de la historia es descubrir qué ha llevado a Daniel a semejante situación, y cuál es la razón por la que Aina está tan empeñada en saber de su situación y hacerle comprender su mensaje. ‘Mr. Nadie’ hace un gran trabajo en eliminar esa idea preconcebida sobre el tópico del hombre de la calle, pegado a un cartón de vino y con problemas de drogas. La historia de Daniel es otra. Y, de nuevo, es una que nos suena mucho más cercana.

Si es verdad que se hubiera echado en falta más profundidad o más continuidad precisamente en el personaje de Aina, o que pudiéramos entender por qué era necesario el episodio de la fiesta de disfraces y la «Vampira» que lleva a Daniel a su casa, más allá de las revelaciones que se nos hacen sobre el drama del protagonista. Pero la cinta rezuma verdad, belleza y, como hemos dicho, crudeza.

Y sobre todo, es un vehículo perfecto para el lucimiento de un Félix Gómez que, si hubiera justicia, debería luchar por su primer Goya, acompañando a Sergi López (Sirat), Mario Casas (Molt lluny) y Álvaro Cervantes (Sorda). El sevillano está descomunal en la torturada piel de Daniel, con la voz, na expresión corporal, la mirada y, por supuesto, la emoción (ver cuando se quiebra al reconocer a alguien importante en la calle). Quizás, el mejor trabajo en pantalla grande de Gómez, uno de esos intérpretes todoterreno que hace fácil el difícil arte de la interpretación.

Dolorosa, imperfecta, pero hermosa y teñida de esperanza.

Lo mejor: Félix Gómez, maravilloso, los primeros diez minutos y la mezcla de hermosura y dolor que la definen.

Lo peor: Los personajes secundarios quedan algo descolgados, y no hubiera estado de más saber algún detalle más del pasado de Daniel.


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